domingo, 20 de septiembre de 2015

Cuentos en el Día Nacional del Caballo - 20 de setiembre


   En la Argentina se conmemora el 20 de setiembre el Día Nacional del Caballo, que fue promovido por la Federación Ecuestre Argentina. Se eligió esa fecha recordando el arribo a Nueva York de un jinete suizo, Aimé Féliz Tschiffely, que desde la Argentina llegó a Estados Unidos en una travesía que se inició en abril de 1925 y arribó en setiembre de 1928, con lo cual quedó demostrada la resistencia de los caballos criollos.

  A través de la Ley 25125, sancionada el 4 de agosto de 1999 y promulgada el 6 de setiembre de 1999, se designó este día ( la Ley 25125 puede consultarse en: http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/55000-59999/59831/norma.htm)

  Por tal motivo, comparto con ustedes estos cuentos de mi autoría, ya que este noble animal, trabajador incansable del campo argentino y participante de deportes, me acompañó desde mi niñez.

   Vaya un recuerdo a mi padre, Luis, amante de los caballos y a nuestra Ficumalva.


Azabache
    Negro nocturno. Azabache. Bravío. Crines al viento y resoplidos. Lo miro a la distancia esbelto, trotando por el campo abierto. Verdes y ocres se pierden entre aromas a lavanda, tilos y recuerdos.
    Negro nocturno, de noche. Cuando sale a recorrer los pastizales a paso lento o al trote.
     Azabache, azabache también son sus ojos grandes, vivaces. Cada mirada es un gesto, una expresión de amor, un movimiento.
     Decidí acercármele con terrones de azúcar, que comió rápidamente y de nuevo sus ojos brillaron con un gracias dulce y salvaje, mezcla de miel y menta.
       Y volvió a correr al campo; desafiando el viento. Habitante silencioso de nuestros suelos. Tras él; cabalgan jinetes invisibles en caballos alados; los orígenes de nuestras tierras. Los caciques vigilando, a campo traviesa.

Chusco El Gladiador (dedicado al caballo de igual nombre de la Cabaña
                                  “El Chusco y las boleadoras”)

 Si una palabra lo definía, era su elegancia; el porte, el estilo. Su piel satinada beige clara y sólo unos toques de blanco y ceniza oscuro.
Detenido, firme, seguro. Mirando a la distancia. Esperando... Con nombre de luchador, el que enfrenta, el que desafía.
          Tal vez sólo una palabra lo definía: Chusco Gladiador, su caballo, su compañero.                Hoy, el hacedor de sus sueños.                                                                                       
Mi Alazán
           De sólo meses y ya tiene estampa. Rojizo  y con manchas blancas. Con porte de campeón y mirada lejana. Da pasitos y trotes, jugueteando a las escondidas en el bosque.
       Rojizo su pelo, como la pasión que lleva en su  alma. A campo abierto galopa y sus crines se agitan, en noches de cielo puro, en noches de luna blanca. 
          Al llegar la mañana llega a paso lento. Busca mi mano con ternura, saca un terrón de azúcar y vuelve a desafiar al viento.
         Rojo como el fuego recién encendido, como tu amor y el mío. Alazán criollo de raza, mi alazán bravío.  
Marisa Avogadro Thomé. Escritora – Periodista 



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